Cuando madure la higuera
Los ojos de Mechita eran el reflejo del asombro . Su su transparencia e ingenuidad eran tan pasmosas que nos hicieron dudar de su veracidad.Ojoa oscuros inmensos crecìan a medida que hablaba sobre su tema recurrente. los hombres, los pederastas, ( creo que nunca supo exactamente que significaba esta palabra pues la usaba en sus oraciones junto a violadores y pedòfilos )
Al principio nos sorprendìa la cantidad de agua era capaz de usar en cada duchazo. Y su frecuencia crecìa con los dìas. Si bien los primeros dìas eran notorios, con el tiempo se tornaron molestos y hasta alarmantes.
Meche se bañaba unas 20 veces al dìa con agua helada. Y con cada ducha, lavaba su cabello negro que luego relucià al sol de Cieneguilla.
Mucho tiempo despuès supimos que esa necesidad imperativa por lavar una suciedad imaginaria es llamada compulsiòn . Tiene relaciòn directa con hechos sexuales.
No era la primera vez que conocìa pacientes que burlaban la custodia solo para ducharse y luego llorosas se secaban al sol.
Mechita, a pesar de ingenuidad y caràcter sin dobleces guardaba muchos secretos escondidos.
Uno a uno fueron cayendo como caen las hojas un àrbol.
El primer secreto causante de esta urgencia por la limpieza fue confirmada clìnicamente.
Ella, casada muy jòven habìa engañado al marido y ademàs como muchas de nosotros no tuvimos la censura de callarlo.
En su caso, hija de unos pròsperos comerciantes provenientes de la sierra que sabìan de memoria cada versìculo de la biblia, le causò una ansiedad tan grande como culpa que aliviaba en sus momento bajo la ducharse.
Las enfermeras usaban todos los mètodos para reprimir esta costumbre por demàs onerosa.
Otro misterio muy bien guardado era su inclinaciòn marcada hacia cualquier hombre.El primero que veìa era objeto de su acoso. No sabìamos còmo se las ingeniaba para rondar a cuanto maestro de obras o chofer llegara y lanzarle a la cara sus intenciones de tener relaciones sexuales allì mismo.
Esto me causaba sinceramente mucha gracia pues en ella no habìa malicia alguna. Era algo semejante a comer un fruta madura si tienes hambre. Nada màs natural que ello y menos pecaminoso.


gustavo moreno dijo
hola patricia me gustó mucho tu escrito,te felicito,un abrazo.
24 Octubre 2011 | 04:50 PM