Como arroyos de agua sucia, nos bifurcamos.
Cada cual hacia su casa, su origen.
Regresé pálida de tanta noche a dormir un sueño entero.
La paz no duró.
Estaba ya engarzada en una mirada cruel.
Y esa herida rasgó mi piel.
Las pùas de sus caricias aún lagrimean sangre.
Recuperè la voz.
Aprendì las palabras y la sonrisa.
Como una niña chica.
Hoy mis dìas descansan serena .
Un sueño regalado para no morir.
No dejarme matar por sus manos.

Miguel Reynel dijo
¡Bellísimo, Patricia!
2 Junio 2011 | 10:43 PM