Era tal el encesante ritmo del asombro que no pudimos ver.

Sospechar siquiera.

Los estruendos de bombas estallaban al costado nuestro.

Las noticias de la mañana anunciaran la desgracia.

El horror se vivía en las calles.

En la coruputela del mismo gobierno.

Entre las traiciones de los propios compañeros.

Una noche no nos encontramos más.

La caverna había cerrado sus puertas para siempre.

La noche cobró dimensión enemiga.

El sueño de ese entonces despertó a la pesadilla.