Clara no cedió un milímetro en su lucha.
Viajó por todo el Perú enseñando lo aprendido sobre nutrición en USA.
Se involucró con cuanto grupo de gente honesta como ella , interesada en la justicia y en la enseñanza de los principios de la nutrición.
Se convirtió en catedrática de una gran universidad y simultánemente siguio viajando.
Su vida continuó activa, incesante, sin días ni horas libres.
Ella llegó al palenque atraída por la gente a quien supo desde lejos debía brindar su sabiduría.
El tiempo que nos dedicó fue muy valioso para aprender a comer lo que nuestra tierra nos da .
Se encargó de los niños.
Decía, ella con pausa, cada noche, que la nutrición durante la infancia determina la inteligencia del niño cuando hombre o mujer.
Una tarde la llamaron a un viaje muy lejos.
Marchó al Asia como conferencista.
Y una conferencia, dió lugar a otra y su vida transcurrió entonces entre aviones y camiones.
Estos últimos la llevaban hasta los pueblos recónditos de su páís.
Ella llegó al palenque buscando reponer energías,.
Descansó, enseñó y con la misma serenidad se marchó una noche .
Tomaba un puesto , el más alto en el gobierno.
Era el reto más importante.
Supimos luego que se cansó de luchar contra gente miserable.
Cada cierto tiempo nos visita. Pasa revista a los niños que ella enseñó a alimentar..
Sus ojos brillan hoy como ayer cuando aplica sus conocimientos .
Hoy vive en la ciudad unida a un hombre que supo rodearla entre sus brazos y hacerla detener un poco su intensa vida de viajes y trabajo.

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