Una tarde antes de la caída del sol llegaron Mariana y María Angeles.
Eran primas hermanas por duplicado.
Nunca entendimos bien ese parentesco pero se adaptaron al grupo muy pronto.
Mariana era por demás alegre, hermosa y su risa era una carcajada ronca que se escuchaba varios kilómetros a la redonda.
Angeles era rubia, reservada y seria.
A medida la fuimos conociendo descubrimos su ingenio, gracia, e inteligencia filosa.
Sus bromas eran seguidas por Mariana y el palenque pronto se convirtió en una fiesta de risas.
Mariana huía de un matrimonio que fue muy feliz en un principio.
Al graduarse en la universidad, sus horizontes se ampliaron.
Su marido permaneció estancado en ideas y costumbres algo retrógradas.

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