Ellas llegaron y se fueron con las arenas del desierto.
Una paraca las envolvió y en el remolino desaparecieron para siempre.
Una nos dejó sus ojos oscuros y postres deliciosos así como especias cultivadas.
El aceite de oliva que se convirtió en indispensable ingrediente en nuestras comidas.
Raquel nos legó conocimientos de sumas y restas y enseñó el arte del negocio entre las libertas.
Cada una de ellas nos regaló su presencia milenaria de costumbres y dioses.
Eran mujeres de lucha, de convicciones profundas y fé inconmovible.
El espíritú era el mismo.
Fuerte e imbatible como el pueblo de donde provenían.
Las recordaremos por siempre por sus ojos grandes fijos , unos en la Meca, los otros en la tierra prometida.
hacia allá partieron y de seguro en estos momentos estaran orando por nosotros.
Bendecimos su llegada como extrañaremos su partida.
El destino es siempre el mismo.
Breves los encuentros, intensos los cariños y la despedida inevitable.

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