Cimarronas nos llaman.

No tenemos pasado inmediato. Lo perdimos de a pocos a cada paso de nuestra huída.

El desierto recibió el sudor de nuestros cuerpos y con él se disolvieron los recuerdos ingratos, solo guardamos los sueños. Estos nos permitieron afrontar la larga marcha por el desierto. Sus padeceres, el calor del día y los vientos de la tarde. Por la noche, el frío nos hacía cobijarnos unas contra otras.

Todas llegamos de diferentes partes pero nuestra estirpe es la misma.

Somos descendientes de marinos bravos que cruzaron el mar . Arriesgaron sus vidas en travesías de meses.

Conocieron igual que nosotros la sed y el hambre, la sal pero su ahnelo por la libertad fue siempre más fuerte que todas las inclemencias.

Nosotras somos sus descendientes. Nos reconocemos no sólo por el carácter bravío sino poque nuestros cuerpos se han endurecido como la caña brava,. Somos todas de buena estatura y por sobre todo amamos.

Conocemos  sobre el amor, tantos sus penas  como sus placeres y es este el que guía al lado del afán de libertas nuestros destinos.