Finalmente ocurrió el milagro.

Nunca esperé enfrentar la posibilidad de una vida tan azarosa sin el dulce paliativo de los medicamentos.

Me intoxiqué de tal modo por la ingesta de años y años de pastillas para controlar mis estados anímicos, tiroides, páncreas,  que el hígado se rebeló una noche de pesadilla.

De pronto tuve la certeza que yo ya no era dueña de mis funciones vitales.

Había caìdo de mi cama sin poder levantarme y como Nuestro Señor pasé acostada sobre la alfombra tres días y sus noches. Cuestión de posiciones, con el debido respeto El crucificado, yo tirada sin poder pararme en mis  pies.

Agonía .No controlar mis esfínteres menos el estómago.

Casi inconsiente y en mi ridículo afán de impedir  molestar a mis familiares y amigos, pocos pero son, me negué a recibir ayuda médica .

Al final de la historia fui internada de emergencia en la misma clínica de siempre con un diágnostico de tormenta tiroidea que hasta el momento gracias a La Gracia no se había cruzado con el trastorno bipolar.

Me comí en seco, sin anestesia a punta de espíritu cada uno de mis terrores nocturnos.

Mis ataques de pánico los disimulaba encerrada en mi habitación.

Traté de salir de ésta y ver tv pero me encontré en la pantalla con Susana Villarán quien me convocaba a sus filas porque la esperanza es posible.

Leí cùanto libro caía en manos y los terminaba presa de convulsiones de llanto. Identificada con todos los personajes y sus sufrimientos, llorando sus amores perdidos

Las visitas de Leoncio eran las pruebas más duras: a sus ojos no podía esconder el suplicio, mi  sensibilidad en carne viva, la suceptibilidad .

Se convirtió en víctima de mis dolores de alma, de sospechas creadas por una mente que volaba , la imaginación me jugaba en contra.

Sin anestesia.

Poco a poco, como los ríos vuelven a su cauce  volvió  la serenidad.

Dios en su inmensa misericordia pasó una noche por mi cuarto y me devolvió el sueño.

A partir de ese momento , todo discurrió como una ola mansa

 Mi doctor veía mi metamorfosis hacia la antigua Patricia. El esperó fielmente en mí y ahora se reíe pues siempre supo que yo podría con el reto de vivir sin pastillas.

Algún día la fuerza y  el espíritu reaparecerían.

 Aquella que si bien era  tempestad era hoy una mujer con el hígado recuperado para la salud.

Hoy por hoy vivo a mil otra vez y me encanta. 

En carne viva recibo alegrías y penas. 

Me levantó a las 4:30 pues no puedo volver a medicarme nunca más.

La disciplina de mi casa y las monjas del colegio salieron a relucir y no sólo inicio mi amanecer con oraciones de gratitud , sino que he vuelto a mis ejercicios con más ímpetu.

Estoy esperando confiada la llegada de la odiada Navidad.

Mi marido está conmigo y yo con él afrontando nuevos retos. Sanos.

Es posible 

Si miras al cielo desesperada,  Pones el alma y sigues la carrera como una Pura Sangre lo lograrás un dìa a la vez.

Sentirme   viva. Disfrutar cada emoción en toda su expresión.

Es un regalo del cielo que arranca lágrimas de emoción con solo escuchar o leer algo conmovedor.

Mis risas inesperadas , los impulsos desatinados son controlados por  con el cansancio de tanto ejercicio físico, como hice siempre.

Solo el inicio. 

Un día a la vez.

Intensamente,

A recuperar, con medida y mesura  los  10 o más  años perdidos por diagnósticos malhechos.

 

El día espera por mí.

Yo espero por mí  misma.

No pienso sino en darlo todo hoy.

Mañana, no sé.

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